Dirigir un grupo de investigación y el modelo antropológico de empresa

mayo 20, 2007

monstersinc_mike_helmet.gif El título puede parecer rimbombante, pero me hice esta reflexión hace unos días, al leer El Arte de Dirigir una Empresa, después de una dura jornada tratando de convencer a un colega físico brillante, tenaz, con iniciativa e inventiva, para que se focalizara en una tarea concreta, dejando un poco a un lado su creatividad y espíritu de artista -su ego- y por unos días se sometiera a la disciplina y prioridades del grupo, donde la consecución de resultados era lo importante.

En el libro en cuestión, al tratar qué es lo que constituye una empresa, su razón de ser, la amalgama de comunión de intereses, red de información interna y establecimiento de una jerarquía, examina en concreto el modelo antropológico. En este modelo la empresa es -cito- mucho más que una simple fuente de producción de riqueza que incentiva a sus miembros con repetidos estímulos pecuniarios. La actuación humana se explica en base a unos motivos externos e internos. Motivos intrínsecos, de transcendencia. El servicio que el trabajo realizado supone para otras personas y para el trabajador mismo. La organización ha de satisfacer las necesidades de los trabajadores que en ella participan. Y sus necesidades, según este modelo, son tres:

  • De cosas, de riqueza

  • Desarrollo de la capacidad de hacer cosas

  • Desarrollo de la capacidad de influir en la realidad, en su valor

 

Y efectivamente, en la investigación científica, aunque ciertamente se valora un salario decente, este no es ni de lejos el principal motivo que atrae y une a sus integrantes. De hecho los salarios son de media la mitad que en otras profesiones. Mis colegas -y yo mismo en ocasiones- pueden llegar a trabajar 60 horas semanales sólo por resolver un problema, o tener un sistema funcionando, o realizar una medida. Y no lo hacen, hacemos, por altruismo. Parte de nuestro salario es la satisfacción de esas necesidades internas (libertad creativa, interés, reto). Y en ocasiones se convierte en algo irrenunciable que escandaliza la racionalidad de ejecutivos de empresas normales. Y por ello se hace tan difícil a veces concentrar a esas personalidades en una meta concreta y -todavía más difícil- en un plazo cerrado, donde la efectividad prime sobre otras consideraciones.

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